Antes de 1979, todos los huracanes que afectaban costas tanto mexicanas como extranjeras llevaban solo nombres de mujer.
A partir de ese año, las listas alternan nombres masculinos y femeninos.
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Un ejemplo es la temporada 2026 en el Pacífico, la lista incluye nombres como Amanda, Boris, Cristina, Douglas, Elida, Fausto, alternando géneros en orden alfabético.
El cambio comenzó en 1978 y se completó en 1979, cuando Estados Unidos y los organismos internacionales decidieron alternar nombres masculinos y femeninos.
La medida respondió a años de protestas feministas que calificaban la práctica anterior como sexista y ofensiva.

Antecedencte
La tradición de poner solo nombres de mujer a los huracanes no es tan antigua como muchos creen.
Comenzó a finales del siglo XIX, cuando el meteorólogo australiano Clement Wragge empezó a usar nombres femeninos para identificar tormentas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, los meteorólogos de la Armada y Fuerza Aérea de Estados Unidos adoptaron esa práctica de manera informal para distinguir rápidamente los sistemas en los mapas del Pacífico.
En 1953, el Buró del Tiempo de Estados Unidos convirtió la costumbre en norma oficial: todos los huracanes del Atlántico llevarían exclusivamente nombres de mujer.

Feminismo logra el cambio
La razón principal fue la presión social de los años sesenta, cuando el movimiento feminista cuestionó que un fenómeno tan destructivo se asociara siempre con nombres femeninos.
La meteoróloga y activista Roxcy Bolton fue una de las figuras clave de esa campaña. Bolton fundó el primer centro de atención a víctimas de violación en Estados Unidos y dedicó años a persuadir a las autoridades meteorológicas de que la práctica era ofensiva.
Bolton resumió su postura con una frase que se volvió célebre: “Las mujeres resentimos profundamente ser asociadas arbitrariamente con el desastre”.
Dentro de las quejas de los colectivos se señaló que los meteorólogos usaban descripciones cargadas de estereotipos para referirse a los huracanes.
Sus colegas hombres decían que una tormenta era “temperamental” o que “coqueteaba” con la costa.
Ese lenguaje reforzaba la idea de que lo femenino era impredecible y peligroso.

Primer huracán con nombre masculino
El primer huracán con nombre de varón es Bob, del Atlántico en 1979.
Desde entonces, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) elabora listas que alternan nombres masculinos y femeninos.
Las listas se repiten cada seis años, salvo cuando un huracán es tan devastador que su nombre se retira permanentemente.
