Marine Le Pen comienza la ruta hacia la elección presidencial francesa de 2027 en su posición más fuerte hasta ahora. Los sondeos dan a la líder de Reagrupamiento Nacional, principal fuerza de la derecha nacionalista francesa, alrededor de un tercio de los votos en la primera vuelta y la colocan por delante de varios rivales en escenarios de segunda vuelta.
Ahí está una de sus principales ventajas: sus adversarios están muy divididos. En el centro y la centroderecha compiten Gabriel Attal y Édouard Philippe, ambos ex primeros ministros de Emmanuel Macron. Philippe ha pedido construir una candidatura común, pero Attal considera prematuro hacerlo. Más a la derecha, Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos, rechaza una alianza con el macronismo.
La izquierda tampoco tiene candidato único. Jean-Luc Mélenchon representa al sector más radical; Raphaël Glucksmann ocupa la centroizquierda y Marine Tondelier encabeza a los ecologistas. Con tantos aspirantes, el voto marcadamente contrario a Le Pen podría repartirse entre varias opciones.
Le Pen enfrenta problemas propios. Una resolución judicial de julio le permitió mantener su candidatura pese a una condena por malversación de fondos, aunque queda pendiente una decisión definitiva. Dentro de su partido han surgido diferencias con Jordan Bardella, su joven presidente de 31 años y posible primer ministro, sobre pensiones, cuentas públicas y la propuesta de restringir el velo islámico en espacios públicos.
La economía será otro eje central. Francia tenía a comienzos de 2026 una deuda equivalente al 117.5% del PIB. Le Pen promete fuertes recortes al gasto, pero también quiere revertir parte de la reforma de pensiones de Macron. La campaña gira además alrededor de cómo reducir el déficit, mejorar los salarios y redefinir la relación de Francia con la Unión Europea. Le Pen ya no plantea abandonar el bloque, pero sí reducir el poder de Bruselas.
También está en juego la política exterior. Le Pen intenta distanciarse de partidos situados más a la derecha, como Alternativa para Alemania, que defiende restablecer relaciones con Moscú y se opone a la ayuda militar a Ucrania. Su propio partido enfrenta críticas por sus posiciones dudosas sobre el apoyo francés a Kyiv.
La discusión alcanza a la OTAN. Le Pen ha dicho que Francia debe seguir siendo miembro, pero abandonar su estructura de mando militar integrado. Eso daría a París mayor autonomía sobre sus fuerzas armadas, sin impedir necesariamente que participe en operaciones de la Alianza, como ya ocurrió entre 1966 y 2009.
