Hace apenas unos días hablábamos del Paquete Económico y de cómo llega en un momento particularmente complejo para la economía mexicana. Crecimiento débil, presiones inflacionarias, incertidumbre y un margen fiscal cada vez más estrecho. Por eso resultan interesantes los últimos datos de la OCDE. No porque contradigan todo lo anterior, sino porque obligan a introducir algo que suele perderse con facilidad en la discusión pública, a saber, los matices.

Durante el segundo trimestre del año, la economía mexicana creció 1.4%, el doble del avance registrado por el conjunto del G20. Además nuestro país fue la segunda economía con mayor crecimiento trimestral entre los países considerados, únicamente detrás de India. A ello se sumó esta semana una revisión importante de la propia OCDE, que elevó de 0.8% a 1.5% su expectativa de crecimiento para México en 2026.

Es una buena noticia. Y vale la pena decirlo así; pero también conviene resistir la tentación de convertirla en algo que no es. Crecer más que otras economías durante un trimestre no significa necesariamente que México haya entrado en una nueva etapa de expansión. Parte de la comparación responde también al comportamiento particularmente débil de otras economías. Arabia Saudita, por ejemplo, registró una fuerte contracción asociada a la menor actividad petrolera, mientras que buena parte del G20 atraviesa su propio proceso de desaceleración.

México, además, viene de crecer apenas 0.7% en 2025. Incluso después de la revisión al alza, la OCDE proyecta una expansión de 1.5% este año y de 1.8% en 2027. Son cifras mejores a las esperadas hace unos meses, pero todavía bastante lejos de describir una economía pujante.

Hay, sin embargo, elementos que merecen atención. La producción vinculada con tecnología ha mostrado fortaleza, las menores tasas de interés comienzan a transmitir efectos sobre la actividad y México continúa beneficiándose de la reconfiguración de las cadenas productivas. La inversión extranjera mantiene cifras relevantes y la posición del país dentro de Norteamérica sigue siendo uno de sus principales activos.

El problema es que el potencial todavía no termina de convertirse en un ciclo amplio de inversión. Persisten la cautela empresarial, la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC y las tensiones arancelarias con Estados Unidos. A ello se suma una inflación que la OCDE calcula en 4.1% para este año.

Y ahí es donde estos datos vuelven particularmente relevante la discusión del Paquete Económico. Ni estamos frente al desastre que algunas narrativas anticipan, ni los números recientes permiten asumir que los problemas están resueltos. El punto de partida es ligeramente mejor de lo previsto, pero los márgenes siguen siendo estrechos.

Como siempre, los claroscuros importan. En ese sentido, quizá la lectura más útil no sea que México “le ganó a los grandes”, sino algo bastante menos espectacular y probablemente más importante: en un entorno internacional complicado, la economía mexicana está mostrando más resistencia de la que muchos esperaban.

 

  • Consultor y profesor universitario
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