México exporta más que nunca, pero eso no significa necesariamente que esté produciendo mejor. Durante el primer semestre de 2026, las ventas al exterior alcanzaron casi 390 mil millones de dólares, un máximo histórico y un crecimiento anual de 24.6%, el más alto desde 2021. El dato es relevante, aunque su verdadero significado está en aquello que lo está impulsando.
El principal motor ya no fue el sector automotriz. Mientras sus exportaciones apenas crecieron 1%, las manufacturas no automotrices aumentaron 37.6%, su mayor avance desde que existen registros. Detrás de este repunte se encuentra, en buena medida, la creciente demanda estadounidense de equipos tecnológicos, infraestructura eléctrica y componentes vinculados con centros de datos y con el auge de la inteligencia artificial.
México parece estar encontrando un nuevo espacio dentro de la economía global. Los aranceles impuestos por Estados Unidos a productos tecnológicos asiáticos y la reorganización de las cadenas de suministro han fortalecido al país como plataforma manufacturera para abastecer al mercado norteamericano. La cercanía geográfica, la integración productiva y el T-MEC vuelven a jugar a nuestro favor.
Sin embargo, las cifras también muestran los límites de este crecimiento. Las importaciones aumentaron 22% y las compras de bienes intermedios lo hicieron 26.7%. Esto significa que una parte importante de lo que México exporta depende de componentes producidos en otros países y ensamblados aquí. El volumen crece, pero el valor agregado nacional no necesariamente lo hace al mismo ritmo.
También existe un componente coyuntural. La incertidumbre provocada por la política comercial de Trump ha llevado a empresas estadounidenses a adelantar importaciones y acumular inventarios antes de posibles aumentos arancelarios. Parte del impulso actual podría responder, entonces, a decisiones preventivas y no a una expansión permanente de la demanda.
El récord exportador sí tendrá efectos positivos. La balanza comercial registró un superávit de 9 mil 857 millones de dólares y el sector externo podría contribuir a mejorar el desempeño del PIB, que apenas creció 0.2% anual durante el primer trimestre. Pero el efecto será menor de lo que sugieren las cifras brutas, precisamente porque buena parte de la manufactura exportadora utiliza insumos importados.
En paralelo, Fitch considera que México mantiene condiciones para conservar el grado de inversión, gracias a la estabilidad macroeconómica, el tipo de cambio flexible y el bajo peso de la deuda en moneda extranjera. No obstante, persisten riesgos claros: el deterioro fiscal, una mayor carga de deuda y, sobre todo, la incertidumbre en torno a los aranceles y a la revisión del T-MEC.
México está participando en el auge tecnológico global, pero todavía lo hace principalmente desde el ensamblaje. El reto consiste en utilizar esta oportunidad para desarrollar talento especializado; porque si bien el récord puede durar un semestre, la ventaja productiva, varias décadas.
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