Miriam Castillo

A lo largo de los últimos diez años, los equipos de científicos que monitorean la Tierra han logrado documentar un aumento sostenido de las temperaturas. Las predicciones coinciden en los hechos con la fuerza de los fenómenos meteorológicos.

En México hemos padecido muchas de las consecuencias con huracanes con una intensidad desmedida como fue el caso de Otis, sequías prolongadas, inundaciones y otros fenómenos que, junto con algo de negligencia del Gobierno, han costado la vida de muchas personas.

Lo que vivimos no parece ser pasajero. Según algunos científicos, el planeta está muy cerca de superar de forma temporal el límite de 1.5 grados centígrados de calentamiento global.

Tenemos varios años de registro en los que la advertencia es que estamos llevando al planeta a su límite y es muy probable que México sufra de manera particular los impactos.

En 2026, hay 90 por ciento de probabilidades de que el fenómeno de El Niño alcance una intensidad muy fuerte, según el Servicio Meteorológico Nacional. Significa que podría haber fenómenos intensos en 2027 que ponen a muchos ecosistemas en una situación delicada.

Lamento mucho que el repaso por el pasillo del optimismo ambiental no sea muy efectivo para elevar los ánimos, pero me parece importante enmarcar el contexto exterior para que la alerta por la política interior sea lo suficientemente sonora.

En medio de dichas predicciones y cifras, en México se hace poco para la conservación del medio ambiente. Dicen que cariño que no se ve en el presupuesto es demagogia y eso es lo que parece que tenemos en el caso de las políticas medioambientales.

Contrario a lo que deberíamos ver si ponemos atención a la situación climática del mundo, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha tenido una caída en la asignación de presupuesto de casi 50 por ciento en los últimos 20 años.

Un ejemplo específico de la falta de recursos se explica en lo que se destina para las áreas naturales protegidas. Según la coalición de organizaciones ambientales Noroeste Sociedad Civil para la Sustentabilidad Ambiental (Nossa) la inversión por hectárea de área natural protegida está en niveles críticos: con 16.2 pesos anuales.

La evidencia científica no sólo de la comunidad mexicana, sino también internacional, nos dice que deberíamos estar invirtiendo cada peso posible en la conservación de los ecosistemas y de las áreas naturales.

Sin embargo, y aquí viene la duda genuina, ¿qué es lo que esperamos para que sea una prioridad en el presupuesto?

Como yo lo veo, aplicar dinero en particular para conservar las reservas naturales va mucho más allá de una política de medio ambiente como país, sino como una aportación a mejorar las condiciones ambientales del planeta.

Considerando lo devastadores que pueden ser los fenómenos meteorológicos y lo costoso en vidas humanas que resulta, estamos tirando por la borda cosas mucho más valiosas por no colocar el dinero donde deberíamos.

 

    @Micmoya