Durante muchos años los humanos hemos buscado con mucha desesperación la manera de alejarnos de la muerte.
Los avances médicos y tecnológicos están alimentados por la determinación de hacernos más sencilla la vida y a veces por añadidura, hacerla más larga.
Quizá por eso nos hace tanto ruido cuando hay personas que aseguran que la muerte no es el peor desenlace de su situación. Creo que en esos casos el concepto de dignidad es el que hace una diferencia.
La posibilidad de evitar una muerte tras una agonía o una serie de dolores y deterioro específico debería ser un derecho garantizado. Sobre todo porque el planteamiento de una ley que permita ese camino no implica obligar a nadie a tomar esa decisión.
Incluso, según la encuesta nacional Por el Derecho a Morir con Dignidad, México 2016-2022, el 68.3 por ciento de las personas que fueron consultadas, dijo que en caso de encontrarse en una fase terminal de una enfermedad pediría ayuda al médico para morir si fuese posible.
En México, desde hace algunos meses se ha planteado la necesidad de modificar ciertas leyes para que la muerte digna sea posible.
Hace apenas cuatro días se presentaron un par de iniciativas en el Congreso de Ciudad de México para que se reforme la ley de salud y acceder a una muerte digna.
La posibilidad de tener un debate que pueda opinar sobre nuestro derecho a una muerte digna nos da una luz de esperanza para poder decidir y eso podría tener implicaciones mucho más profundas sobre nuestro cuerpo y nuestra salud.
Sin embargo, que la discusión llegue al congreso me parece apenas el comienzo. En el mes de agosto, en Nueva York, se legalizó la asistencia médica para ayudar a morir a las personas que están en una etapa terminal de una enfermedad degenerativa.
Un grupo de personas cuidadoras de la salud hizo una aplicación para poder ayudar a las personas debido a que los médicos no quieren involucrarse personalmente en administrar medicamentos o ayuda para las personas que están en una etapa terminal de una enfermedad y que quieren poner fin a su vida.
En general los reportes dan cuenta de que la decisión, a pesar de que está legalizada, no es sencilla y su aplicación depende en buena medida de que los pacientes puedan librar algunas reservas profesionales o de criterio tanto en el tema médico como en quienes abastecen las medicinas.
En México, pese a que el debate es un buen punto de arranque, es uno que se ve en una etapa muy inicial. Pero esta vez tengo la duda genuina, ¿no deberíamos poder tener control sobre nuestros últimos días?
Entiendo las derivaciones y los muchos riesgos que una ley como esta implica. Pero tener a personas en un proceso de pérdida y sufrimiento prolongado no beneficia a nadie, más bien puede desgastar anímica y económicamente a muchas familias que podrían tener un proceso calmado, respetuoso y controlado en su lugar.
Al igual que la ley despenalizar la interrupción del embarazo, creo que la legislación sólo ayudará a que las prácticas no caigan en la clandestinidad y que a las familias en duelo se les acompañe de una forma respetuosa. Deberíamos poder debatir cómo queremos morir. Ojalá sea posible.
@Micmoya
