Atención al discurso del presidente Enrique Peña Nieto este martes sobre la Reforma Educativa. Sobretodo tres gobernadores a los cuales, menos que sutilmente, fueron dirigidas sus palabras de que esa reforma va con todo: Manuel Velasco de Chiapas, Gabino Cué de Oaxaca, y Fausto Vallejo de Michoacán. La razón, dicen los que saben, es que son los únicos tres estados donde no se ha podido hacer aún el censo de maestros, una de las piezas instrumentales clave de la reforma. Si no jalan, agregan, que se atengan a las consecuencias.
A propósitos de mensajes con dedicatoria, uno que pasó desapercibido fue el del revigorizado secretario de Educación, Emilio Chuayffet, quien en vísperas del espaldarazo presidencial el martes, declaró que los problemas de la educación no son una herencia del anterior gobierno, sino que vienen de 20 años atrás. O sea, según el calendario, desde 1993, cuando el secretario de Educación era Ernesto Zedillo, quien como presidente le cortó la cabeza a Chuayffet, quien era el titular en Gobernación, por la matanza de Acteal. Como lo ha dicho el mexiquense, de esa tragedia, él no fue responsable… pero sí el chivo expiatorio.
El estado de salud de Andrés Manuel López Obrador no hace pensar a su entorno cercano que pueda estar pronto de regreso a las calles. Y cuando este recuperado, dicen los especialistas, tampoco podrá mantener el ritmo acostumbrado. Su ausencia provocó un cisma no declarado en Morena y en los grupos de izquierda radical, que se quedaron sin guía y líder. Por eso el presidente del partido en ciernes, Martí Batres, tuvo que ser acompañado al cerco al Senado por el diputado Ricardo Monreal, muy cercano a López Obrador, pero que no es miembro de Morena, sino del PT. Ni modo, dicen los que saben, a ver si con muchos dirigentes, hacen un cachito de su jefe político que está en el hospital.
Miguel Barbosa, coordinador del PRD en el Senado, se encuentra bastante delicado de salud. Por lo mismo no pudo paladear la Reforma Política aprobada el miércoles en la madrugada, cuyo gran pilar en materia de transparencia y rendición de cuentas fue la propuesta que junto con el senador panista Ernesto Cordero, presentaron como ideas complementarias a lo que se había cocinado en el Pacto por México. Los dos tuvieron problemas con sus dirigencias, que consideraron que se les estaban saliendo de control, pero una vez aprobada, muchos quedaron contentos, aunque ellos podrán esbozar la mayor sonrisa.

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