El Doctor Patán leyó que el INE va a emprender una lucha sin cuartel contra el humor, y lo celebra. Lo que dice el Instituto, marcado por el espíritu del humanismo mexicano, totalmente refractario a la ofensa, es que va a hacer algo que hacen mucho, de tiempo acá, los organismos públicos: “Monitorear”. ¿Qué va a monitorear? Que, vía el sarcasmo o la ironía, es decir, los “mecanismos discursivos indirectos de descalificación de personas precandidatas o candidatas”, se cuele la discriminación en el trabajo de los compañeros comunicadores.

Bien por el INE. La gordofobia, los machismos (micros y macros) o la homofobia, para no hablar de etiquetas como narcopartido, son recursos desesperados, inadmisibles, de la oposición moralmente derrotada. Ahora toca esperar a que estos lineamientos generales del Instituto, digámoslo así, aterricen.

Que vayan a lo concreto. A un manual. Por ejemplo. En la ciudad “X” se lanza como persona candidata a la presidencia municipal, Brayan “Y”. Como eje de su campaña, Brayan promete una lucha “hasta donde tope” contra el contrabando de combustible. Problema: al Brayan, en la ciudad “X”, se le conoce como El Huachicol.

Aquí viene la duda. Si el compañero reportero consigna que la persona candidata se ve atrapada en esa contradicción, ¿ya es susceptible de ser “monitoreado”? Lo digo porque, a veces, la línea entre consignar y consignar con mala leche es borrosa.

Otra. Si Meztli Tonalli “Z”, persona precandidata a la gubernatura de “W”, tiene como lema de campaña: Siempre cerca del pueblo bueno, pero se mueve en una Suburban blindada de siete millones (la Suburban es una debilidad de nuestro movimiento) y una compañera comunicadora sube una foto en la que la troca aparece justo debajo de un espectacular donde dice lo de “siempre cerca”, ¿se le monitorea, o hacen falta expresiones más explícitas de mala leche?

Una más. Digamos que Kevin “R”, persona candidata a la legislatura local, tiene sobrepeso y decide hacer campaña a caballo. Si el compañero de los medios, como parte de la crónica, dice que el caballo hace también su aportación a la Cuarta por el esfuerzo brutal de llevar a Kevin por el –lugar inventado– desfiladero de Tlacaélel, ¿se considera “información”, y por lo tanto es aceptable, se celebra su sensibilidad para con un ser sintiente, el caballo, o se le etiqueta de “opinión gordofóbica” y se procede al monitoreo?

En fin, que las dudas se multiplican, pero las bases para la revolución de las conciencias ya están sentadas. Gracias.

 

  @juliopatan09