La plana mayor del PAN, encabezada por Jorge Romero, se dio cita en el Senado para acusar que con los lineamientos para la supuesta defensa de las audiencias, Morena en realidad quiere instaurar en el país un “ministerio de la verdad’’.
Romero aprovechó para hacer un llamado “grave, amplio’’ para que la sociedad atienda esta discusión que “es una amenaza de censura a nuestra voz’’.
La posición unificada del panismo respalda también, aunque con diferencia en las formas, a la presentada por el PRI encabezado por Alejandro Moreno.
No hay coincidencia, cierto, en las formas, pero sí en el fondo y el objetivo: impedir la censura oficial.
El dirigente panista aseguró que el gobierno quiere decirle a los mexicanos “qué escuchar, qué ver’’ y en el futuro cercano “qué leer’’, creando un “ministerio de la verdad’’ que censurará opiniones e información que le parezca “fuera de contexto’’.
Puso un ejemplo que no admite cuestionamientos: si un comentarista asegura que Morena es un narcopartido en base a las acusaciones que hizo el gobierno de Estados Unidos a diez políticos surgidos de sus filas, ¿dirá el gobierno que es opinión o información?
No le falta razón al dirigente panista cuando pide a la sociedad que despierte y atienda esta discusión en la que va de por medio la defensa de una de las libertades fundamentales de la democracia, la de expresarse sin temor a sanciones.
Por eso el PAN presentará dos iniciativas de reforma a los artículos 6 y 38 de la Constitución, así como a la ley reglamentaria del propio sexto constitucional para garantizar el derecho de réplica en la conferencia Mañanera y en los medios oficiales.
Se busca sancionar a servidores públicos que usen recursos de la Nación para amedrentar, silenciar, acosar o denostar a periodistas críticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos que cuestionen al poder además de regular el uso de recursos públicos en campañas y limitar la censura en medios y redes sociales.
A ver.
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Lamentablemente para los fines panistas, ayer ocurrió un zafarrancho que rompió la rutina de la adormecedora reunión de la Comisión Permanente.
Los empujones, gritos y amenazas entre los diputados de Morena, Arturo Ávila y el diputado del PRI, Carlos Gutiérrez Mancilla, quienes, como en las películas del viejo oeste, “ya traen cuentas pendientes’’.
El caso es que Gutiérrez Mancilla se encontraba en la puerta de las oficinas del tricolor, junto a Manuel Añorve (que daba una conferencia), cuando vio pasar a Ávila a quién reclamó la forma en la que había descalificado al presidente del PRI, Alejandro Moreno.
El priista reto al morenista a decirle en “su cara’’ lo que había dicho, primero en una conferencia y después en la tribuna, sobre Moreno y sobre su partido.
“No tienes los huevos’’, le dijo, y después lo acusó de narcopolítico y de ser vendedor de armas para el narco.
Ávila le gritó que “sí tenía huevos’’ y que era “un porro de Alito’’.
Así se fueron, entre empujones, manotazos, gritos, amenazas, por lo menos unos 25 metros, entre las oficinas del PRI y las de Morena, en donde terminó el zafarrancho.
Lo irónico del asunto, es que Gutiérrrez Mancilla en realidad estaba esperando que apareciera Alejandro Murat, exgobernador de Oaxaca, que en la víspera había criticado severamente al líder del PRI al que hace no mucho tiempo llamaba “mi hermano’’.
Lo que calentó a los priistas, incluido al diputado Rubén Moreira y a la senadora Carolina Viggiano, es que Murat llamara a Alito Moreno “dead man walking’’ (hombre muerto que camina).
Murat nunca salió.
@adriantrejo
