La crisis por la que pasa la UNAM muestra cómo la trampa se ha normalizado en un sector de la sociedad. Al parecer nos enfrentamos a la reedición de una premisa que creímos se había quedado atrás, pero que vemos más viva que nunca: “El que no tranza no avanza”.
El expresidente Enrique Peña Nieto fue duramente criticado cuando afirmó que la corrupción “es una debilidad de orden cultural”. Pero por lo que vimos en el examen de ingreso a licenciatura en la UNAM, parece que no estaba alejado de la realidad.
La enorme brecha entre la demanda de educación superior y la oferta de espacios en la Universidad Nacional, no justifica hacer trampa para quedarse. En primer lugar es un asunto de ética. Pero no hay que olvidar que derivó en un tema penal.
¿Qué se puede esperar de un estudiante que hace trampa para entrar a estudiar Derecho, Medicina, Ingeniería? ¿Acaso tendremos profesionistas rectos? ¿Si el primer paso rumbo a su vida como profesional está marcado por la trampa, cómo será el futuro profesionista?
Y aunque detrás del desastre de los exámenes de ingreso –que requiere una solución inmediata– se observa la desesperación por alcanzar un lugar, no se justifica burlar los candados para ingresar.
Y no hay que olvidar que también hay una red organizada de fraude, sin la que no se hubiera logrado ese nivel de daño. Después de resolver los problemas operativos y técnicos se debe poner el foco en las responsabilidades legales. Porque el fraude es un delito.
Un tercer aspecto en este problema es la contratación de una empresa que ya había dejado dudas. Hoy 24 HORAS publica que ya había sido reprobada por el Poder Judicial. Entonces, si está en su historial un rechazo reciente por dudas, cómo es posible que se haya contratado para una tarea tan delicada. En este problema no solo hay errores. También hay delitos.
El concurso para ingresar al nivel licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México fue golpeado por un tsunami de “inconsistencias” provocadas por la trampa, el delito y la ineficiencia.
La UNAM deberá corregir sus procesos y métodos, además de presentar una demanda civil por daños contra la empresa que aplicó los exámenes. Y no se debe olvidar de la penal, contra las redes de fraude organizado que vulneraron un escudo que debería ser meramente “moral”, pero que ahora deberá convertirse en un escudo contra la trampa y el fraude.
#LoboSapiensSapiens
Golpeteo a la UNAM
Lo que se autodenomina Cuarta Transformación ha querido tener su rector en la UNAM. No es algo extraordinario, considerando que la institución tiene un peso político importante. Así sucedió en los regímenes priistas, que tuvieron académicos cercanos.
Van dos ejemplos: Juan Ramón de la Fuente, exsecretario de Relaciones Exteriores del Gobierno de Claudia Sheinbaum, saltó de la Secretaría de Salud de Ernesto Zedillo a la rectoría de la UNAM; José Narro Robles, saltó de la Rectoría de la UNAM, a la Secretaría de Salud de Enrique Peña Nieto.
El panismo no pudo colocar gente afín en la rectoría porque ni a Vicente Fox ni a Felipe Calderón les interesó la UNAM, se enfocaron más en cómo ayudar a fortalecer la educación privada.
@chimalhuacano
