Pues no, que Donald Trump de ninguna manera va a quitar el dedo del renglón del tema de la narcopolítica mexicana y por eso ahora está cerrando la pinza sobre México con la movilización del Comando Sur y países aliados en operaciones “terrestres” contra los cárteles del narcotráfico mexicano.
El segundo informe presidencial no aportó --y en realidad se esperaban pronunciamientos estratégicos de fondo-- ninguna redefinición de la estrategia de seguridad nacional de México con respecto a la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos.
En términos muy pragmáticos, resulta que la soberanía mexicana se encuentra sintetizada en la defensa del hoy dos veces exgobernador de Sinaloa --y podría serlo por tercera vez, total…, qué tanto es tantito--, Rubén Rocha Moya y presuntos cómplices señalados por el Departamento de Justicia de EU en su solicitud de arresto con fines de extradición.
Lo más grave es que la biografía política real de Rocha Moya ya tuvo desahogos suficientes de datos y argumentos a favor de sus pactos políticos con la facción de los “mayitos” del Cártel de Sinaloa del Chapo Guzmán y ni así el gobierno mexicano ha querido molestarlo ni con la sombra de una averiguación previa.
Y dando por sentada la imprudencia del presidente Trump, todo lo que ha dicho sobre México –argumentaciones, documentos oficiales, la gravísima pero súper gravísima acusación formal que consta en documentos oficiales de la historia política de la Casa Blanca de la caracterización de México como un narcoestado-- hasta las ironías de muy mal gusto referida a los tamales, aunque como advertencia no de insultos sino de que México de manera muy rápida debiera de conseguir la protección de la marca no vaya a ser que alguna empresa de chatarra estadounidense lo registre a su beneficio.
Y ahí se encuentra México: con Rocha Moya como piedra atada al cuello de su soberanía.
Zona Zero
- El segundo informe presidencial dejó en vilo la explicación del cambio en estrategia de seguridad al pasar de los “abrazos, no balazos” a la persecución implacable y a veces hasta sangre y fuego de los principales capos del narcotráfico, mandando el mensaje de que la estrategia de López Obrador pasó a mejor vida y Palacio Nacional con la pena decidió recuperar y reactivar la estrategia de Felipe Calderón Hinojosa. Sin duda que la presidenta Sheinbaum hubiera fortalecido su reconocimiento público con la justificación de la nueva estrategia, pero decidió mejor no molestar a YSQ.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
