La revisión de las cifras de seguridad es importante en el rubro de la disminución de homicidios, pero hay que reconocer que ese dato fue apenas la mitad de la herencia maldita que han dejado las políticas públicas desde 1984.

A riesgo de parecer demasiado exigente, puede decirse que la disminución de homicidios es la parte más fácil, aunque los hechos no sean estrictamente así. Han bastado las acciones del Gabinete de Seguridad --civil y militar-- para mandar mensajes a la delincuencia de que ya no será tan fácil sacar las pistolas y resolver asuntos a balazos.

La parte más difícil es la que estaría tardando más: desmontar las estructuras delictivas que derivaron de la complicidad del poder público con el poder criminal; es decir, que los cárteles y bandas de la delincuencia no surgieron como hongos silvestres sino que fueron producto de la permisividad gubernamental, por las razones que fueran.

No hay que olvidar que en el sexenio pasado el presidente López Obrador frenó el ataque contra las bandas criminales a partir del argumento válido de la violencia de respuesta y de que los delincuentes también eran mexicanos, pero no reconoció, si vale el juego de palabras, que hay unos más mexicanos que otros: los violentos y los pacíficos.

Vemos en las cifras de inseguridad el dato relevante de que ha bajado la delincuencia en zonas donde la complicidad era menor y está costando mucho trabajo avanzar en las zonas donde hubo una fusión lamentable entre delincuentes y autoridades.

Como mini laboratorio de análisis estaría la zona aguacatera de Michoacán: durante dos o tres años --sí, en efecto, años--, los productores se quejaron de que estaban abandonados a manos de los delincuentes y la autoridad tardó en llegar, aunque ya irrumpió con fuerza y ha estado recuperando el control público de zonas delictivas.

Pero no hay que cantar victoria porque la autoridad tiene ahora la obligación de desmantelar las estructuras del poderío criminal, no sólo vigilar zonas productivas.

 

Zona Zero

  • Las autoridades de Estados Unidos se están viendo muy estrictas, en sentido positivo, en sus amenazas de destruir al Cártel Jalisco, pero hay que subrayar que lo están haciendo sólo en México y resulta que el mismo cártel tiene una gran célula dentro de territorio estadounidense, debido a su alto grado de actividad criminal. Y ahí es donde el sospechosismo exige explicaciones de por qué combatir el narco nada más en México y no en EU. Digo, es pregunta.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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