Habitantes de San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, mantienen un plantón y bloqueos en la carretera Xochimilco-Oaxtepec para exigir la cancelación del colector contemplado en el Plan Integral Hídrico y demandar que las aguas negras provenientes de Milpa Alta sean desviadas hacia plantas de tratamiento de esa demarcación.
Los vecinos sostienen que la infraestructura proyectada trasladaría hacia San Gregorio el caudal residual de varios pueblos de la zona alta sin que exista capacidad suficiente para recibirlo, tratarlo y evitar que termine en canales, chinampas, resumideros y mantos freáticos. Por ello, advirtieron que ya no buscan más reuniones informativas con las autoridades, sino una mesa de trabajo en la que se discuta formalmente la cancelación de la obra.
Hortensia Jiménez, integrante de la Asamblea General Permanente y originaria de San Gregorio, aseguró que el pueblo ha buscado interlocución con las autoridades durante meses, pero no ha recibido una respuesta presencial. “Los vecinos decidieron tomar las calles porque tal parece que somos invisibles para este gobierno”, sentenció.

Aguas residuales, un problema de más de 30 años
La inconformidad se concentra en un proyecto de alrededor de 372 millones de pesos que, de acuerdo con la comunidad, no resuelve el origen del problema: el drenaje de los pueblos ubicados en la parte alta de Milpa Alta. Los habitantes cuestionan que San Gregorio reciba las descargas debido a su ubicación geográfica, pues el agua baja por gravedad hacia Xochimilco.
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Jiménez afirmó que el problema de las aguas residuales lleva más de tres décadas y que en los últimos años aumentó el volumen que llega al pueblo. La maestra señaló que los vecinos han documentado escurrimientos, socavones, malos olores y afectaciones en las chinampas, además de posibles daños a la salud que, dijo, no han podido cuantificarse porque las autoridades sanitarias no les han entregado información.
“Los problemas gastrointestinales están altísimos, los problemas respiratorios, problemas renales en algunos niños y problemas de la piel”, mencionó Jiménez.
La vecina aclaró que la comunidad no cuenta con estudios oficiales que permitan establecer una relación directa entre las descargas y cada padecimiento, pero cuestionó que el Centro de Salud de San Gregorio no haga públicos los datos epidemiológicos que permitirían conocer el impacto de la contaminación.

Los habitantes también cuestionan la forma en que se aprobó el proyecto. Verónica, abogada y comerciante que participa en el movimiento, sostuvo que la consulta realizada en julio de 2025 registró 395 votos a favor, 32 en contra y ocho nulos, pero consideró insuficiente ese resultado frente a una población de alrededor de 30 mil habitantes.
La vecina afirmó que existe un amparo, identificado por los habitantes como el 1440/2025, que cuestiona las condiciones en que se realizó la consulta y que, según la comunidad, obliga a revisar el proceso con información adecuada y respeto a los usos y costumbres del pueblo. “No queremos el colector, ya no queremos negociarlo; ya tuvimos muchos diálogos. Queremos una mesa de trabajo donde efectivamente se tome la decisión y se cancele esa obra”, dijo Verónica.
La propuesta de los inconformes consiste en que Milpa Alta se haga responsable de sus aguas residuales. Plantean construir o rehabilitar infraestructura de tratamiento en la zona alta, reutilizar el agua para riego y enviar únicamente los excedentes a plantas con capacidad para procesarlos, en lugar de conducirlos hacia San Gregorio.
Hortensia Jiménez señaló que los propios habitantes de pueblos de Milpa Alta han planteado la necesidad de contar con plantas de tratamiento. “No le vemos mayor cosa porque se está abusando de una cuestión geográfica del pueblo, que es la altitud que tenemos con respecto a Milpa Alta”, dijo.
Los vecinos también cuestionan que el proyecto contemple infraestructura para separar aguas pluviales y residuales, pero que en documentos del propio proyecto aparezca la instalación de tubería en zonas donde confluirían ambos caudales. Jiménez aseguró que la comunidad ha preguntado a las autoridades cuál es el volumen de aguas negras que actualmente llega a San Gregorio, pero no ha recibido una respuesta precisa.
Paola Cerralde, vecina y enfermera, relató que la oposición al proyecto creció después de que habitantes comenzaron a realizar recorridos para identificar las conexiones y puntos por donde, aseguran, llegan las aguas residuales. “Nos empiezan a instruir a decirnos: mira, esto es así y así, pero sabes cómo le puedes creer a una persona cuando te lleva los recorridos tal cual, coladera por coladera”, dijo.

Cerralde aseguró que las descargas ya afectan la producción chinampera y que recientemente se detectó presencia de E. coli en uno de los puntos donde se realizaron pruebas. “En vez de que sea agua se está volviendo lodo”, mencionó.
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La comunidad también exige indemnizaciones para los productores que han perdido cosechas y sostiene que la contaminación representa un riesgo ambiental y sanitario. Los habitantes recuerdan que San Gregorio Atlapulco depende históricamente de sus canales y chinampas, por lo que el deterioro del agua impacta directamente una actividad productiva y una forma de vida.
Mantendrán protesta hasta obtener solución
Mientras continúe el conflicto, el plantón permanecerá en las inmediaciones de la glorieta de la Ruta 81, sobre la carretera Xochimilco-Oaxtepec. Los manifestantes permiten el paso de servicios de emergencia, pacientes con citas médicas y estudiantes, mientras mantienen cierres en calles cercanas como Cuauhtémoc y 5 de Mayo.
La protesta también ha recibido apoyo de estudiantes del IPN, la UNAM y otros jóvenes que llegan al plantón para participar en jornadas informativas y solicitar respaldo a la resistencia. Los vecinos aseguran que la movilización comenzó con grupos pequeños y que posteriormente habitantes de distintos barrios comenzaron a instalar llantas, lazos, muebles y carpas para sostener el bloqueo.
Cerralde aseguró que la protesta no pretende afectar a los estudiantes ni ponerlos en riesgo. “Nosotros queremos ser empáticos con ellos, que ellos vayan seguros en sus unidades y les estamos brindando ese paso”, dijo.
En tanto, en las carpas, mujeres organizan alimentos, vecinos realizan guardias y habitantes reúnen víveres y aportaciones económicas para mantener el plantón. Por las noches, las consignas se alternan con música y conversaciones entre quienes permanecen en la glorieta.

La comunidad sostiene que no se opone a resolver el problema hídrico, pero exige que la solución no convierta a San Gregorio en el receptor de aguas residuales de otros pueblos. Su demanda central es detener el colector, revisar técnicamente las alternativas y obligar a cada zona a hacerse responsable del tratamiento de sus propias aguas.
“Ya basta, ni una gota más de aguas negras para Atlapulco”, afirmó Hortensia Jiménez.

