Jesús Murillo Karam fue el joven en la vieja era del partido que dominó Los Pinos durante más de 71 años ininterrumpidos y ahora es el veterano en la nueva era del PRI. De esa generación de políticos que han encontrado reacomodo en el actual gobierno es a quien mayor confianza le tiene el Presidente Enrique Peña Nieto.
A sus 66 años se mueve con destreza y deja huella por donde camina. Ha cimbrado el territorio nacional. En los últimos siete meses ha hecho lo que ningún otro del gabinete: rindió protesta como diputado, presidió San Lázaro y cuando los del PRD tomaban la tribuna, táctica que paralizó sesiones durante semanas enteras, él se subió con un micrófono a un balcón del Palacio de San Lázaro y desde allí decretó: “Aprobada la Ley Laboral”.
La iniciativa alebrestó porque su grupo político impidió auditar el manejo de cuotas de los trabajadores en manos de líderes sindicales (algunos son legisladores por su partido). Pero la vida suele ser irónica a veces. A los tres meses, cuando Peña Nieto entró a Los Pinos, él dejó la presidencia de la Cámara y tomó la PGR, desde donde ha dado un espectacular golpe. Capturó a una de las mexicanas más odiadas y repudiadas por la opinión pública: Elba Esther Gordillo, líder del poderoso sindicato de maestros, a quien nada menos Murillo Karam acusa de llevarse dos mil millones de pesos de los trabajadores a sus cuentas personales (ese es apenas el monto en dos cuentas de un total de 80 que indaga la PGR).
Hasta ahora no ha respondido si el PRI se equivocó al aprobar la reforma Laboral sin transparentar el manejo de recursos en todos los sindicatos. Como sea, al ritmo que trabaja y en otro momento podría estar, seguramente, en cualquier otro puesto o lugar según convenga a la Presidencia de la República.
La historia de Murillo Karam hay que aterrizarla en dos partes. Una a raíz de que fue gobernador de Hidalgo, entre 1993 y 1998, y hasta el fin de la Presidencia de Ernesto Zedillo, quien en 2000 dio paso a la alternancia democrática nacional. La otra hay que observarla a partir de la lucha encarnizada entre corrientes internas del PRI por el control del partido.
Va la primera parte. Como los priístas de aquella época no estudió en el extranjero. Se formó como abogado en la Universidad Autónoma de Hidalgo e inició su trayectoria respaldado por el grupo de Javier Rojo Gómez, conocido como La Familia Real de Huichapan, de la cual surgió una cartera importante de gobernadores, incluyendo su propia candidatura. Los candidatos siguientes salieron del propio grupo que él encabezó, entre ellos Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación.
De hecho Zedillo lo castigó trayéndoselo como subsecretario de Seguridad Pública en Gobernación antes de terminar su sexenio porque había sacado del camino al candidato oficial para sucederlo. Pero desde su cargo federal combatió los secuestros y después el presidente le pidió involucrarse en la campaña de Francisco Labastida.
La segunda parte empezó tras la derrota presidencial. En un intento por recuperar el PRI, Zedillo quiso imponerlo como dirigente nacional, pero un inesperado grupo de ofendidos políticos tradicionales que se vieron desplazados en ese sexenio lo impidió. Ya sin presidente de la República Murillo Karam, sin embargo, acabó poniendo de acuerdo a las partes para hacer la primera elección democrática en la presidencia del PRI. Se fortaleció en 2006 como senador y luego fue nombrado delegado del partido en varias entidades como en Estado de México, donde conoció a Peña Nieto y juntos lograron un triunfo que marcó el principio de la recuperación de Los Pinos. Posteriormente fue secretario general del PRI en el periodo que el partido levantó sus restos y se reconstruyó como ave fénix.
Desde el arranque de la campaña presidencial, Peña Nieto lo nombró coordinador jurídico de su campaña y desde entonces no deja de aconsejarle al oído al mandatario. Enfrente tiene el otro grupo en torno al Presidente dominado por el economista Luis Videgaray, quien es la cara nueva del partido, con quien se dice casi no hay química.
