El Doctor Patán escuchó que la Presidenta Con la Que Llegaron Todas (PCLQLLT) dijo que México “nunca se vende”, y tuvo un momento de desconcierto. “Qué raro –me dije–. Con lo atractivos que somos, ¿ni una oferta? ¿Nadie ofrece un peso?”. O sea, sí tenemos algunos problemas. Que está menguando el petróleo, Pemex debe una fortuna y se nos han multiplicado un pelín las explosiones y las fugas. Por ejemplo. O el tema de la seguridad.
No es que uno dude de los datos vertidos por nuestra PCLQLLT, la humanista con Excell, con sus homicidios a la súper baja, pero digamos que los rafagueados por allí, los encajuelados por allá, los reclutados a la fuerza acullá y los desaparecidos por todos lados, hombre, no proyectan por sí mismos una imagen así como que muy para “voy a hacer comprar a las de ya. Paisazo”.
Supongo que podría uno sentir también algunas dudas con un decomiso de huachicol que resultó ser de combustible legal. O con los trenes que no es que descarrilen, pero ciertamente a veces se salen de las vías y se voltean luego de avanzar unos metros.
Pero México es mucho más que eso, como para no haber atraído, pensé yo, un sólo comprador. Somos las manos curtidas de los pueblos originarios que siembran el elotzin no transgénico en la milpa. Somos la Danza de los Venados. Somos el sope amasado por la seño a la entrada del AIFA, con sus nopales y con esa sonrisota en el rostro, proyección de la bondad inherente al pueblo bueno.
Somos la medicina tradicional, con sus limpias de huevo y su epazote para los parásitos intestinales. Somos los guitarrones de Paracho, esos Guarnieri purépechas. Somos las mujeres mexicanas que renuncian a trabajar para cambiarle los pañales a los viejitos en casa; el mejor sistema de seguridad social del mundo.
Sobre todo, somos historia. Ya saben: el obrero que le entrega los dos pesitos de vender una camisa a Tata Lázaro para financiar la expropiación; el Benemérito de las Américas cuidando al rebaño con una humilde tortilla en la mano; el abnegado Pípila; el patriótico Juan Escutia; la aguerrida Pre Llegamos Todas, Leona Vicario, y ese modelo de virtudes cívicas que fue Pancho Villa, un Che Guevara de avanzada. ¿De veras no resultamos ni tantito atractivos? ¿Tan ciego está el extranjero a nuestros encantos?
Por supuesto, fue un problema de interpretación. La compañera PCLQLLT no se quejaba de que nadie nos compra. Al contrario. Nos estaba recordando que somos súper dignos y no estamos ni estaremos en venta. No sé cómo pude equivocarme, caray.
@juliopatan09
