Miriam Castillo

En las últimas semanas de septiembre, en varios hospitales del país ha habido protestas de médicos por varios motivos. Las protestas y la organización de los médicos no son nuevas y tampoco han parado desde que estalló la pandemia.

Las protestas las realizan desde los médicos que trabajan como residentes hasta los doctores de base y las quejas más o menos son las mismas. Falta de insumos, pocos medicamentos que complican la atención de los pacientes, malos tratos de quienes están al frente de los hospitales.

Si consideramos que la profesión de los médicos no guarda sorpresas de fatiga y jornadas largas a quienes la practican, creo que deberíamos preocuparnos más de lo que nos preocupamos por las quejas del personal al interior de los hospitales.

La sobrecapacidad de los hospitales no es nueva. El sistema de salud mexicano ha estado en el borde desde hace varias administraciones. Ha sido objeto de promesas de campaña desde hace casi 20 años.

Por eso la fatiga de los médicos debería tomarse en serio. El que no cuenten con los insumos suficientes no solo daña el cuidado que reciben los pacientes, sino el margen de maniobra de los médicos, lo que puede dejarlos indefensos si un paciente no mejora como se espera.

Para no hablar sobre casos al aire podemos revisar algunos en específico: los médicos en el hospital general de Xoco, uno de los principales hospitales que tratan trauma en Ciudad de México, tienen varias semanas de protestas y quejas sobre la gestión de la directora general.

Los trabajadores se quejan de que los quirófanos están en malas condiciones, no hay medicamentos suficientes (se han pospuesto procedimientos porque no hay insumos) y también reclaman que hay malos tratos.

El viernes por la tarde tanto las protestas como las fricciones escalaron y circularon videos en las redes sociales en los que se ven manotazos y empujones en la oficina de la directora.

Más allá de las agresiones físicas, el problema es que todo eso significa que hay una buena parte del personal que está enfocada en situaciones distintas a la atención de los pacientes.

Garantizar el entorno laboral de quienes tienen vidas en sus manos debería ser una prioridad de quienes vigilan que el sistema de salud funcione.

El reclamo no tiene que ir solamente para un gobierno o una dependencia. Algo similar sucedió en Veracruz, donde un grupo de médicos grabó al delegado del IMSS-Bienestar, Roberto Ramos Alor minimizando la falta de medicamentos. “Usted se siente ofendida de que no tiene las herramientas para operar. No opere”, se escucha en la conversación.

¿Qué responsabilidad le estamos transfiriendo a los médicos si nadie exige insumos suficientes? ¿Qué haremos si en algún momento deciden parar?

Finalmente hay quienes están detrás de un escritorio ofreciendo ciertas soluciones que no arreglan el problema, a ellos debemos pedirles cuentas. Hay también quienes están en las camas y quirófanos tratando de lidiar con la desesperación, la enfermedad de los pacientes y (a veces)  la poca tolerancia de los familiares. A ellos les debemos una mejor gestión del sistema de salud.

 

    @Micmoya