Las cifras sobre casi cualquier medición pueden tener más de una lectura. Las cifras que tienen que ver con educación pueden tener muchísimas más.
Desde la aplicación de la prueba PISA algunas de las críticas que había era la falta de contexto que podría haber al tratar de interpretar los resultados.
Un país podía tener un desempeño mejor que otro por una infinidad de factores; el mismo desempeño en México de los estudiantes era irregular porque las condiciones de los maestros, de los alumnos, de las escuelas, son completamente distintas de un estado a otro.
Los alumnos en Oaxaca, en la zona urbana, no tienen el mismo desempeño que la zona rural de Chiapas o la urbana de Monterrey. Sus retos y desempeños no necesariamente pueden medirse en la misma proporción.
Después, vinieron las reservas de la fiabilidad de los exámenes y si los sistemas educativos hacían una capacitación específica para las pruebas y habían perdido un poco de precisión en medir las deficiencias.
Pero la virtud de la prueba PISA es que nos daba una idea con estándares internacionales de hacia dónde debíamos ir, en dónde debemos ajustar, qué es lo que debemos mejorar.
Más allá de ideologías políticas, los números siempre dan un termómetro útil sobre dónde están las modificaciones que deberían hacerse y las comparaciones con otros países también ayudan.
Esta vez, creo que es importante destacar que la baja en más de uno de los indicadores (la comprensión en conocimientos matemáticas y la de lectura) tuvo una baja en el desempeño no solo en el país (preocupante, igual), también en otros países.
Hay un deterioro “especialmente preocupante” en lectura, según los estándares de la prueba.
Y más allá de tranquilizar nuestra conciencia por los resultados que obtenemos en México, quizá las cifras internacionales deben ayudarnos a poner el foco en una realidad que debería preocupar.
Hay un retroceso de casi un año escolar en el desempeño de lectura y matemáticas. La OCDE atribuye como algunas de las causas el uso más frecuente de las pantallas y con ellas tecnologías como la Inteligencia Artificial.
Incluso, la OCDE sí atribuye de manera directa que la IA se use en las aulas, hace que el desempeño en ciencias sea más bajo.
Lo que más preocupa es que el diagnóstico llega prácticamente con advertencias de creadores y trabajadores de empresas de Inteligencia Artificial, que señalan que todo puede salirse de control.
Por lo tanto, creo que más allá de las críticas centradas únicamente en el modelo educativo que tiene el país, deberíamos ver los números un poco en un contexto más amplio y preguntarnos: ¿qué deberíamos proteger en la educación en México?
Además de la legislación que vaya solo en prohibir el uso de las redes sociales en las aulas y pelear por cierto sistema educativo, quizá debemos meter una marcha más veloz en la regulación de la Inteligencia Artificial.
Lo que logremos remediar de aquí en adelante es lo que nos hará resistentes a lo que viene y no deberíamos estar peleando por cifras políticas.
@Micmoya
