De las tapas de luchadores a los rostros de los danzantes del folclor nacional existe un diálogo en donde la identidad real desaparece para dar vida a personajes arquetípicos que son expuestos en la muestra Máscaras, ritos, folklore y lucha libre.
"El guión curatorial es hablar de la máscara y mostrar cómo hay una relación entre una máscara del folclor nacional con las de las luchas, que aunque parezca raro, tienen mucho en común", contó en entrevista con este medio Armando Valdivieso, curador de la Colección Luis Márquez Romay.
La exposición, parte de una idea sencilla que abre distintas lecturas: una máscara no solamente cubre un rostro, también permite construir otro. En el caso de las danzas “ese cambio está ligado al rito y a las prácticas comunitarias; en la lucha libre, a la creación de una identidad que se vuelve reconocible dentro y fuera del ring”, continuó Valdivieso.
"¿Cómo es posible que a través de la máscara podamos personificarnos? El luchador o danzante se pone la máscara, cambia totalmente de personalidad, ya es otra persona, ya está dentro de este ritual", explicó el curador, que estuvo a cargo de la clasificación y curaduría de las piezas.
El recorrido reúne alrededor de 32 máscaras tradicionales pertenecientes a la Colección Luis Márquez Romay, provenientes de distintas regiones y expresiones culturales, además de unas 20 piezas de lucha libre facilitadas por el Museo de la Lucha Libre Mexicana, en Tijuana, fundado por el coleccionista Mauricio Limón.
Máscaras, piezas tracionales
Entre las piezas tradicionales se encuentran máscaras del Tecuán, de los Manueles de la región de Guerrero, de la danza de vientos de la Mixteca de Oaxaca, de los kúrpites de Michoacán, entre otros. Mientras que del deporte se incluyen piezas originales y firmadas, como una de El Hijo del Santo.
"El objeto de esta exposición es mostrar que la máscara mexicana puede atenderse más allá de un objeto ornamental, o de una pieza que cubre el rostro", señaló el curador.
Para explicar esa transformación, Valdivieso nombró al Porrazo del Tigre en Guerrero, donde el personaje que porta la máscara se olvida de quién es y se entrega al ritual, que es una pelea entre dos personas vestidas de felinos, no importa si el contrincante es tu amigo, tu padre, tu hermano, porque en el ritual no lo es, en el ritual es otro más”, aseguró.
La misma lógica encuentra en la lucha libre, “en donde al gladiador no se le conoce ni su nombre, es un personaje arriba del cuadrilátero, que adquiere una dimensión distinta frente al público. Cuando se despoja de ella en el vestidor, vuelve la persona que en realidad es”.
Máscaras, ritos, folklore y lucha libre permanecerá abierta hasta el 9 de octubre en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en el Centro Histórico.
