Tengo una confesión a casi un mes del 19 de septiembre. Los terremotos me ponen muy nerviosa. No tengo claro por qué. Para el terremoto de 1985 yo era muy niña y no tengo recuerdos de la emergencia, pero viví toda mi niñez y juventud viendo la cara de preocupación de los adultos a mi alrededor cuando temblaba.
Después vino el terremoto de 2017 y con eso tuve para confirmar los temores que había visto en mis adultos y adoptar algunos propios. Desde entonces tengo algunas fijaciones con ciertos edificios, ciertas zonas de la ciudad, con saber dónde están las puertas de emergencia.
Toda esta historia larga es para decir que vamos a cumplir 9 años de los sismos de 2017 y no estamos en un mejor lugar con las construcciones. La reflexión la traje porque hemos tenido un par de ejemplos de la fuerza de los terremotos en otros países como Colombia y Venezuela.
Con eso fresco y con imágenes que son terriblemente familiares, quise buscar si algo ha cambiado en la ciudad desde 2017 y no me ayudó mucho a calmar la ansiedad. Las construcciones no parecen ser mucho más seguras.
Lo que encontré más bien fue un registro silencioso de construcciones que se han derrumbado en medio de procesos de demolición. Al menos 7 construcciones colapsaron solo entre marzo y agosto en seis colonias diferentes.
Un derrumbe en marzo en la colonia Tránsito dejó 3 personas muertas. En mayo hubo dos construcciones colapsadas en la colonia centro. En junio hubo tres en la colonia Roma, Peralvillo y la Guerrero.
Lo preocupante es que se cayeron sin nada de por medio. En medio de procesos que supuestamente estaban supervisados. Sin que haya un terremoto o algo que altere las estructuras.
Desde ahí vino una duda genuina, ¿no deberíamos tener mejores planes para cuando hay una demolición o solo para saber que los edificios pueden colapsar?
Además, vino otra pregunta: ¿quién debería haber supervisado esas obras?
Responder esa pregunta siempre es demasiado complejo, porque intervienen muchos factores. El permiso puede darlo una dependencia como el gobierno de Ciudad de México, pero la revisión correría a cargo de la alcaldía, aunque la responsabilidad de los trabajos debería ser de la empresa privada que hace la demolición.
El punto es que cuando queremos apuntar a un responsable todos tienen un buen argumento para señalar al de enfrente y terminamos en un círculo que no ayuda a nadie.
Si revisamos los directorios de protección civil de las alcaldías la diversidad de perfiles puede ser tanto esperanzadora como escalofriante. Hay quienes reportan una carrera de años que se especializan en atención de riesgos. Pero hay quienes fueron administradores de finanzas de Casa Benell o dirigieron una división de prevención del delito.
Deliberadamente, no escribí este texto hasta septiembre, porque no quise que fuera un texto que anexemos a la costumbre. A lo que quiero llegar es que creo que debemos exigir seriedad en la toma de decisiones antes de que otro sismo nos recuerde nuestras deficiencias en la materia. Es lo único que sí podemos controlar.
@Micmoya
